Una exposición en el Archivo General de Indias con más de 80 piezas y documentos repasa la historia y las investigaciones sobre la capitana de la Flota de Nueva España

Como si Dios se lo hubiese vaticinado en una revelación, Francisco Manso de Zúñiga, arzobispo de México, se negó a embarcar en el galeón Nuestra Señora del Juncal. La capitana de la Flota de Nueva España, formada por diecinueve embarcaciones, debía partir de Veracruz hacia España el 14 de octubre de 1631. Pero el religioso, conocedor de que aquellas fechas no eran propicias para navegar el Atlántico —así se lo hizo saber a los oficiales, recordándoles su responsabilidad—, desembarcó finalmente sus baúles y salvó su vida de una tragedia anunciada. En la noche de Todos los Santos, una fuerte tormenta engulló a la nave. De sus más de 300 tripulantes, solo 39 lograron salvar la vida.

El naufragio del Juncal, con una carga de más de un millón de pesos de plata, 17 toneladas de grana final, 46 de añil o una de seda, ha sido estudiado en las últimas décadas por investigadores mexicanos y españoles. Pero el pecio nunca ha sido hallado: ni lo han localizado los cazatesoros —en 1983 lo intentó Burt Webber y su empresa Seaquest International LTD, mientras que Odissey Marine Exploration, artífice del expolio del Nuestra Señora de las Mercedes, metió sus zarpas en 2006— ni los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH). Desde 2014, el país americano y España aúnan esfuerzos para encontrar los vestigios del galeón.

La historia del hundimiento del Juncal frente a las costas de Campeche y su hasta ahora improductiva búsqueda, iniciada ya en el siglo XVII, protagonizan una exposición —hasta el 17 de abril de 2022— en el Archivo General de Indias, en Sevilla. La muestra, organizada por el Ministerio de Cultura y Deporte, Acción Cultural Española (AC/E) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), en colaboración con el INAH, reúne cerca de 80 piezas como documentos históricos, libros, obras pictóricas, grabados o cartografías acompañadas de proyecciones audiovisuales. Incluso se ha realizado una maqueta en madera a escala 1:32 del galeón y se ha creado una simulación a tamaño natural de su bodega.

La Flota de Nueva España y la búsqueda del galeón Nuestra Señora del Juncal es "resultado de una exhaustiva investigación documental". Dividida en torno a seis bloques temáticos, la exposición pretende resaltar el papel desempeñado por la flota de 1630-1631, que conectaba en la Península Ibérica con el Virreinato de México, el más rico de América y que hacía de nexo entre Asia y Europa a través de la ruta del galeón Manila, como ejemplo de la globalización comercial en el siglo XVII. En ese momento la Monarquía Hispánica estaba inmersa en la Guerra de los Treinta Años y los cargamentos que transportaban los barcos de la Carrera de Indias eran el verdadero combustible bélico.

Galeón privado

El embrión del Juncal se encuentra en 1620, cuando Antonio de Ubilla y Estrada, contador de artillería de las fortificaciones de Hondarribia y San Sebastián, y su mujer, María de Izaguirre y Martín, decidieron sufragar un galeón mercante privado de excesivas dimensiones. Lo hicieron sin ayudas de la Corona porque pretendían venderlo a comerciantes y mercaderes andaluces particulares. Sin embargó, la empresa nunca cuajó y la nave fue designada por la Casa de Contratación de Sevilla para participar en la Flota de Nueva España de 1624. Tras un exitoso viaje trasatlántico, estuvo cinco años fondeado en la ciudad hispalense.

En 1629 el Juncal fue reconvertido a un galeón de guerra: se le cambió la cubierta y toda la arboladura y se le dotó de 24 cañones. El 3 de octubre de 1630 partió hacia Veracruz al mando del marino vasco Miguel de Echazarreta. Pero el regreso a España se fue retrasando a causa de varios factores: enemigos holandeses en la zona, problemas burocráticos y la enfermedad y muerte del general, que sería sustituido por Manuel Serrano de Rivera. El almirante, en vez de ser precavido y aguardar a condiciones climáticas más favorables, decidió zarpar.

Desde el día 17, la flota se enfrentó a fuertes vientos del norte. El oleaje dañó la proa y la popa del Juncal, provocándole numerosas vías de agua. El 21 la situación ya era insostenible, y la capitana dio la orden de acercarse a la costa de Tabasco para salvar las mercancías y a las tripulaciones. La decisión resultó insuficiente: el galeón Santa Teresa desapareció en medio de la noche con un último disparo de despedida. Al anochecer del 31 de octubre, en dos minutos y medio, "en lo que se rezan tres credos", el Juncal se fue a pique.

Hubo 39 hombres, encabezados por el contramaestre Antonio Granillo y entre los que estaban dos clérigos, el piloto, el despensero o el guardián, que lograron subirse a una lancha con varias sacas llenas de joyas y monedas. Los supervivientes fueron localizados al día siguiente por el patache de la flota, mandado por Francisco de Olano. El gobernador del Yucatán, Fernando Centeno, los interrogó, y luego fueron sometidos a un juicio en Cádiz para determinar la veracidad de las acusaciones de motín debido los tesoros que tenían cuando fueron rescatados.

Fuente: elespanol.com

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